viernes 11 de junio de 2010

Ignacio,

Agoniza en su cielo, porque no hay nada más. No hay in between, ni abajo ni arriba, ni diestra o siniestra. Y de nuevo te dice, Ignacio, no hagas eso por favor. Pero no le haces caso. -Solamente quiero que digas algo, que publiques algo.- Repites constantemente como si no fuese capaz de hacerlo, pero luego te muestra, te demuestra y te hace comprender, que a veces las cosas como son no son, ni como vez tampoco. Que las horas pueden ponerse al revés y que tus ‘’no se’’ son para esconderte, para no dañarle, para no cambiar de color tus ojos. Pero tus uñas y tu voz de gato, hacen que agonice la perfección, Lis. Y con este síndrome confusional agudo, no creo que haya alguien capaz de remediarlo, miras al rey de todo esto buscando las respuestas, porque es lo único que tienes, y agoniza la esperanza, Lis. Ignacio, no hagas eso por favor. -No soy quien crees hasta ahora.- Lis, no hagas eso por favor. Y con tu masoquismo muestras de nuevo tus ojos, quieres más y más, como si en tu cielo no tuvieras todo lo que alguna vez deseaste, te escapas de nuevo. Me dices-No hagas eso, por favor.- Pero no te escucho, continuo, y sigo sin comprenderte Ignacio, sigo sin comprenderte. Ya no me prohíbas nada, ni sugieras una que otra cosa, porque todo concluye cuando alguien grita por ahí -Ignacio.- Y yo respondo.
En tu cielo no existen tales cosas, con tus pies tan pequeños, corres hasta allá por un arcoíris artificial, gris, blanco, con mechones de agua salada, risas verdes y ojos como el aire.

Ignacio, lo siento mucho. Me duele la imprudencia y el egoísmo me duele el cinismo y estas confusiones, no me dueles tú ni las aves, aunque me duele todo y todo y nada a la vez.

Latuert.

1 comentarios:

geRar dijo...

cual es tu problema con los pies pequeños eh? Jum!

Formidable